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“Mamá, ¿esto es de niños o de niñas?”

¡¡¡Bufff!!! Aburridita me tienen con el temita… la verdad es que pensábamos que nos libraríamos de este tema al tener mellizos niño y niña que han compartido de todo desde su más tierna infancia, desde la cuna a la habitación, pasando por los juguetes.

¡Pero no! Hace unas semanas Mr A le dijo a su melliza que no podía pintar con el color azul, porque es de chicos. ¿Colores de chicos o de chicas? Y de los colores pasamos a los juguetes… 

Si bien es cierto que han tenido acceso libre a todos los juguetes, hemos ido observando que los Mellis han ido tendiendo hacia los juguetes “tradicionales” de su género, un hecho que nos ha resultado cuánto menos curioso, aunque hasta ahora no habían manifestado su preferencia por temas de género con palabras.

Sin embargo, ahora que llegan las navidades y vienen cargadas de multitud de juguetes para todos me sorprende ver como nos bombardean con una representación exagerada hasta el infinito de los roles tradicionales de género en los juguetes para los pequeños… Si es un Nenuco es para niñas así que ponemos fondo rosa y caja rosa y todo rosa porque rosa y más azúcar…. en cambio, para los chicos, tenemos juguetes más bien violentos promocionados con imágenes impactantes sobre fondos azul oscuro o negro. Dando a entender que cada juguete y cada color corresponde a un género específico.

Y en esos momentos me encuentro preguntándome por qué… ¿por qué estamos tan empeñados en ponerle etiquetas a algo tan sencillo y tan inocente como un juguete? 

Mientras meditáis acerca de esta pregunta os dejo un pictograma de la diseñadora Kristen Myers:

Y yo, mientras tanto, seguiré jugando…

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Cuento de Navidad

Había una vez una mamá que se sentía culpable por “mentir” a sus hijos contándoles acerca de la existencia de el Sr de Rojo o los otros tres a los que jamás les perdonaremos cómo se vistieron en 2016… 

Mil vueltas le estuve dando al tema, mil millones para ser más concretos. Mis amigos ya me tachaban por loca por obsesionarme por algo tan “nimio”… pero para mí no lo era, sentía que les estaba mintiendo, y luego con qué valor les podía pedir que no me mintieran ellos el día de mañana. 


Pero, la magia

No podemos olvidarnos de la magia de la Navidad, la ilusión de los pequeños cuando dejan las galletas y la leche, la emoción al ver que hay regalos bajo el árbol y los renos se han bebido el agua. 

Tras muchas conversaciones, la mayoría presionando para que entrara en el redil, opté por lo siguiente:

No voy a venderles la idea de que vienen unos seres mágicos a casa, pero tampoco les echaré un cubo de agua helada encima.

¿Y esto cómo es? 

Pues amiguitos, esto es la famosa tercera vía. Como con cualquier juego de imaginación de los peques, ya sea jugar a princesas o beber el té invisible de las tacitas entraré a jugar con ellos a tope… participando de la magia todo lo que ellos quieran, pero sin fomentarla y sin usar la Navidad como excusa para modificar su comportamiento. 


Pero… ¿qué pasa cuando pregunten?

Evidentemente este momento llegará, y viendo lo rápido que pasa el tiempo, siempre llegará antes de lo que habíamos pensado. 

Pues, cuando llegue, les diremos: “Estábamos jugando a la Navidad. Como cuando jugamos con nuestra imaginación y nos inventamos cuentos. A todos nos encanta jugar a imaginar que el Sr de Rojo existe y nos lo hemos pasado genial dejando zanahorias para los renos. ¿Queréis seguir jugando a la Navidad? Aunque queráis dejar de jugar, seguiréis teniendo regalos, pero serán de mama y papa, de los abuelos y de los tíos. ¡Porque dejar de jugar a la Navidad no significa que dejemos de tener regalitos especiales!”

¿Vosotros cómo lo veis?

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¿Me echas una foto, mami?

Hace unos días un amigo me comentaba que le sorprendía que siempre pixelara u ocultara las caras de mis hijos, alegando que era un poco paranoica. 

Dejando de lado que lo soy, que tengo un punto de loca que no me quita nadie y que me da miedo que se sepa más de mi vida y de la de mis hijos de lo necesario, está el asunto de su identidad personal… de la que, por cierto, solo tengo la custodia y no la propiedad.

Y es que me pongo en su situación, si lo pensáis bien es un mundo nuevo, un terreno sin explorar mucho y que no sabemos cómo va a evolucionar. Nuestros padres nos hacían fotos con cámaras de 35mm que revelaban y metían en álbumes familiares con los que nos torturaban cuando éramos adolescentes y nuestros amigos venían a merendar a casa… pero hoy la tecnología ha dado un par de saltos cuánticos y tenemos cámaras de chorromil megapixeles en el teléfono (o apéndice de la mano). 

No solo eso, las redes sociales antiguas (meriendas con amigos, comidas familiares y demás) han tomado un cariz universal e internacional. Ahora compartimos al instante en Facebook, Instagram, Snapchapt y YouTube. En un momento, miles de personas pueden acceder potencialmente a sus imágenes.

No os revelo nada nuevo, lo sé.
Seguro que os cuidáis de no compartir imágenes poco decorosas y que la mayoría tenéis cuidado de que no se pueda adivinar dónde vivís o a qué cole van vuestros pequeños… pero… ¿qué ocurre cuando tengan 15 años y ellos y sus amigos tengan su propia cuenta de Facebook? De repente se ven que tienen ya una historia en internet que no han controlado, una historia en la que se han publicado sus luces y sus sombras, en los que se ha contado quizá más de lo que ellos quisieran. Y una vez ahí, para siempre se queda.

Mientras países como Francia legislan en contra de esto, otros no… pero siempre quedará a nuestra discreción, como padres, la conservación de su identidad, de su personalidad. Porque igual dentro de 12 años no quieren que haya una foto de ellos usando el orinal con 2 añitos. ¿Acaso te gustaría a ti? 

Por cierto, ¡la de las fotos soy yo, que puedo decidir cómo, cuándo y qué comparto! 💗

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¿A quién le toca?

Algunos de los mejores recuerdos que tengo de mi infancia tienen como telón de fondo un juego de mesa… así que no es de extrañar que me estuviera muriendo de ganas por introducir este tipo de juego a los peques.

A tan solo un mes y pico del cuarto cumple de los Mellis, y en vista de que se habían portado fenomenal con las vacunas de la gripe, decidí ir a una juguetería local a buscar un juego de mesa. ¡Madre mía! ¡Menuda selección! Resulta que hay muchísimas opciones para pequeñines…

La mayoría de los juegos de mesa para pequeñitos están llenos de colorines e imágenes divertidas, encontramos desde memos a dominós de animales, un bingo de imágenes y palabras (además estaba en inglés y castellano, ¡bingo!) y juegos colaborativos y competitivos.

Después de más de media hora mirando los juegos colaborativos, en los que todos los jugadores juegan en equipo y llegan todos juntos a la meta, y los juegos competitivos, me decanté por uno de los segundos porque me parecía más sencillo como primer juego.

Y es que los juegos de mesa tienen muchos beneficios:

  • Tiempo en familia. Muchas veces tenemos que buscar formas en las que involucrar a toda la familia y los juegos de mesa son una excusa ideal para reunirnos todos alrededor de una mesa.
  • Tiempo de calidad. Muchas veces pasamos tiempo con nuestros peques, pero, ¿es tiempo de calidad?
  • Mejora la comunicación. Dependiendo del tipo de juego la comunicación es más o menos esencial, pero siempre forma parte del rato en familia.
  • Ayuda a la comprensión de instrucciones y el seguimiento de normas básicas, como a esperar su turno y seguir la dinámica del juego.
  • Concentración. Ayuda a los pequeños a desarrollar las habilidades necesarias para concentrarse y estar tranquilos durante el juego. Habilidades que le serán de utilidad cuando vayan madurando.

Pues nada, ¡ahí tenéis una idea para  Navidad! Que el invierno es muy largo y las noches tardes son eternas y si hace mal tiempo peor… 




¡¡¡A JUGAR!!!

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La nueva sala de cine Junior – una voz discordante

Esta semana el mundo materno-blogueril se ha llenado de post alabando la creación de una sala de cine adaptada para el público infantil con una gran estructura con un tobogán e instalaciones para jugar.


¡Qué pedazo de idea! 

Pues sí y no.

 

Por un lado los pros:

 

  • La sala es preciosa y esta súper nueva.
  • Las instalaciones son maravillosas. Tanto los asientos como el tobogán están muy bien
  • Hay monitores para ayudar a los más pequeños en el tobogán, lo cual resulta útil cuando un niño se atasca (en serio, pasó hoy)

 

Pero… Esto estaría genial si estuviera acompañado de una programación APTA para los más pequeños del hogar.

 
Menuda sorpresa me llevé al ver algunos de los trailers que pusieron antes de la película, que además de durar unos 20 minutos entre trailers y anuncios, no eran aptos para todos los públicos.

 
Me pareció tan mal que me puse en contacto con la empresa para trasladarles mi descontento con los trailers. ¿Su respuesta? “Te comentamos que los trailers que mencionas corresponden a películas de clasificación A (aptas para todo público) con ausencia de violencia y de contenido inapropiado.”

 



Toma. Ya.

 
Ahora resulta que Cazafantasmas y el Gigante de Spielberg son aptas para los más pequeños. Solo que las calificaciones por edades de las películas son +13 y PG (equivalente a +7), respectivamente, según IMDB.

 
Y luego añaden que la “sobrestimulación es normal en niños que van poco al cine“. Vamos a ver señores, no hablo de sobrestimulación, habló de contenidos apropiados o no. De cosas que pueden causar pesadillas como gigantes que secuestran niños de sus camas o fantasmas verdes que pillan las Cazafantasmas…

 
Además me mienten diciendo “De igual manera te recordamos que el tiempo de proyección de publicidad y trailers antes de la película, es con la finalidad principal de que los niños disfruten de los ju(e)gos que hay dentro de la sala Junior.” Falso. Los trailers EMPIEZAN DESPUÉS de que cierran el tobogán. Lo cual quiere decir que los niños llevan unos 20 minutos sentados en su sitio para cuando empieza “Buscando a Dory”.

 
El intermedio es otra cosa que muchas mamis blogueras alaban. Es probable que sea maravilloso para niños algo más mayores, pero mis Mellis no han entendido que la película no había acabado sino que estaba a mitad… Por lo que les ha costado enganchar con la segunda parte. Entiendo que esto no es algo extensible a todos los niños, como tampoco lo es que sea algo tan maravilloso. Cada uno conoce a los suyos y podrá saber o intuir si a sus hijos les irá bien esos cambios de actividad o no.

 
Por último, otra cosa a mejorar sería el poder acceder a la estructura de juegos durante otro ratito al término de la película.

 

En resumen, como todo en esta vida, hay luces y sombras. Si os pica mucho la curiosidad id, desde luego que como experiencia es interesante!

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¿Ha terminado ya la semana?

12 semanas. 12 semanas. 12 semanas tienen de vacaciones los niños de Madrid. ¿A quién se le ocurrió que sería buena idea que los niños tuvieran tres meses de vacaciones seguidas? 
Cierto es que están súper cansados para fin de curso, pero igual va siendo hora de darle la vuelta entera al sistema y hacer lo que hacen en el resto de Europa. Igual va siendo hora de modernizarnos y entender que los niños necesitan más descansos, no más tiempo de descanso, sino más descansos… Más repartidos a lo largo del año.

Y eso es lo que han pensado en la Comunidad de Cantabria. Aunque la ejecución tiene de uñas a AMPAs, colegios y básicamente a todos salvo los profesores, la iniciativa en sí es buena. Los niños descansarán una semana por cada dos meses de cole y tendrán acceso a actividades lúdicas si sus padres así lo deciden! 
Yo estaría encantada de ver a otras comunidades, especialmente la mía, siguiendo su ejemplo! Porque sobrevivir a estas 12 semanas me va a matar! 

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Juguetes de madera.

Con el auge de esta nueva conciencia que tenemos muchos padres por la educación respetuosa también ha venido el boom de los juguetes de madera que son más respetuosos con su aprendizaje y con el medio ambiente… Y hasta ahí bien. 

Pero, llegado el momento de lavarlos ¿cómo lo hacemos? Los de plástico son evidentes, algunos pueden ir al lavavajillas, otros los lavamos con un spray desinfectante o similar y listo. 

Pero los de madera tienen son más delicados, más aún si se trata de las bellezas de madera sin barnizar y con color que invaden las imaginaciones y los juegos de nuestros niños. 

Aquí os cuento dos formas de higienizar los juguetes de madera cuando pasarles el polvo no es suficiente:
1- Con lejía. Diluye 1 parte de lejía por 10 de agua, mézclalo en un pulverizador y enjuaga muy muy bien. La verdad es que este sistema lo deja todo muy limpio, pero no me gusta nada de nada de nada. Admito que odio la lejía y me declaro paranoica total a la hora de enjuagar los juguetes. Por lo que yo no lo usaría.

2- Con vinagre de limpieza. Usa la misma disolución 1/10 y pulveriza por toda la pieza. Deja secar y ya están listos para jugar los juguetes. El vinagre deja de oler al evaporarse y airearse la pieza, además el vinagre deja un brillo precioso en la madera!! Vamos que sales ganando por todos lados.

¿Qué NO debes hacer?


NUNCA sumerjas la madera.
Se puede hinchar y deformar, y esto es lo último que queremos cuando hemos invertido en unos preciosos juguetes de madera.

NO frotes!
Si no te quieres llevar esos preciosos tintes de soja o similares, no frotes las piezas.

NO los seques al sol!!!
El sol puede cuartear las piezas además de fastidiar el color. 

No los laves con demasiada frecuencia.
Yo les paso el polvo con un paño de microfibra súper suave y sin frotar,  y me reservo lavarlos a saco para cuando pasa por aquí la gastroenteritis fuerte… 

Siempre prueba en una zona poco visible! 

Aquí os dejo unas fotos de la prueba que hice sobre nuestros bloques de colores de Grimms (el mismo material y el mismo acabado que el famoso arco iris Waldorf).

bloque Grimms antes

Vinagre de limpieza, un spray reutilizado y el bloque

y despues!!! perfecto!

 

Y si queréis haceros con algún juguete nuevo y precioso os recomiendo visitar la tienda de mi amiga Laura, tiene unos juguetes maravillosos elegidos con mucho mimo!